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Memorias

Celebración Centenario PSMA y PLI

Centenario de las Provincias

Centroamérica e Italia

Centroamérica

En el Siglo XVII con Pedro de San José Betancur, la estrella de Belén brilla en el firmamento Guatemalteco e ilumina una historia de amor y servicio en bien de la humanidad más necesitada.

Una historia que se fue tejiendo con hilos de fe, esperanza y humildad. No obstante los vientos en contra, Dios permitió que sus hilos no se rompieran. La fuerza, el vigor y el emprendimiento de una noble mujer, María Encarnación Rosal nos conecta con el hoy de la historia Bethlemita.

El Belén de María y José, el de Pedro de Betancur y Encarnación Rosal, inaugura el siglo XX con un nuevo fruto:

En el Capítulo General realizado en marzo de 1918, en Masaya, Nicaragua, nuestras Hermanas Capitulares pidieron la institución canónica de la Provincia de Centroamérica. En 1921, la Rvdma. Madre María Soberón, Cuarta Superiora General de la Congregación, pidió a la Santa Sede la facultad para erigir una nueva provincia en Centroamérica que tuviera la sede Provincial en Cartago, Costa Rica,y que se formara de las casas religiosas que tenía la Congregación en las ciudades de Cartago y Alajuela (Diócesis de San José de Costa Rica), Chinandega y Masaya, (Diócesis de Managua, Nicaragua), Santa Ana (Diócesis de Santa Ana, El Salvador), Santa Tecla, (Diócesis de San Salvador, El Salvador)y Panamá, (Diócesis de Panamá). En la fecha memorable del 2 de septiembre de 1921,la Sagrada Congregación para los negocios de las Hermanas Religiosas, autorizó al Cardenal Protector para que concediera la gracia pedida de la erección de la Provincia de Centroamérica. Fue hasta en el Capítulo General de 1924 que oficialmente se confió la Provincia a la protección de San Miguel Arcángel.

Al celebrar hoy los 100 años de nuestra querida provincia San Miguel Arcángel, evoca en nuestra mente y corazón la memoria de nuestras raíces, una tierra donde la semilla sembrada creció y dio mucho fruto, frutos de santidad, amor y servicio. Y hoy sigue la trayectoria que Dios le ha señalado para hacer visible y posible la historia de salvación.

El ayer de la abnegación, la entrega, el sacrificio nos hace unirnos al salmista y expresar: “los que sembraban con lagrimas cosechan entre cantares, al volver vuelven cantando trayendo entre sus manos las gavillas”. Hoy recogemos con gratitud esta historia de amor y entrega.

Gracias a nuestras primeras Bethlemitas, aquellas que abrieron caminos y sentaron las bases; para ellas, el cielo merecido.

El hoy de nuestra historia, el ahora que estamos escribiendo con rostro y nombre propio, será la ofrenda del porvenir, un mañana que esta en las manos de Dios quien seguirá marcando la ruta de este amado Belén en el siglo XXI.

Italia

Al volver sobre el camino de la historia, tejida por las manos de Dios y la fidelidad de las bethlemitas italianas, la Provincia sintió la alegría de descubrir con asombro la grandeza de Dios…

Así salta hoy la figura de la Madre Ignacia González, la mujer que, movida por el espíritu de Dios, emprendió un viaje por mares desconocidos con el objetivo de obtener la aprobación del Instituto como una familia reconocida por la Iglesia, para abrirla a inmensos horizontes de evangelización en bien de los pueblos y de la Iglesia misma.

Y el Padre, que premia generosamente la fidelidad de sus seguidores, no sólo concedió a la Madre Ignacia la aprobación del Instituto, sino que la inspiró a dar inicio de esta Provincia que cumple cien años de vida llena de méritos, fidelidad y esperanza. (Palabras de la Madre Berenice Moreno en el centenario de la llegada de las hermanas a Italia)

Nuestro canto de alabanza y gratitud por los cien años de vida, servicio y fidelidad de la Provincia italiana es nuestro Magníficat. Del corazón de María, la Madre Inmaculada, protectora de esta querida provincia, evoca en nuestro corazón Bethlemita el encuentro con el Misterio que acontece, llena de vida y fecundidad, la historia de ayer, de hoy y de siempre, porque el misterio es creador.

El ayer de una provincia como primicia de la naciente comunidad Bethlemita revitalizada por la fuerza del amor.

El hoy como una fuente de vida que fluye, fecunda, deja el fruto y la huella de cada Bethlemita.

El mañana… es el tiempo del Espíritu.

Retomamos las palabras de nuestra querida Madre Berenice, de feliz recordación, en la celebración de los 100 años de la llegada de las Hermanas Bethlemitas a Italia:

Si miro a la Provincia, la veo como un par de manos que ofrecen y reciben. Manos de muchas bethlemitas italianas, sensibles signos de vida que se consumen día a día por los demás, comprometidas con quienes necesitan ayuda, comprensión, consuelo.

Manos que sin palabras dan testimonio de una donación en el trabajo diario, en el colegio, en la guardería, en el internado, en los pensionados, en la parroquia… manos fuertes y generosas consumidas en la entrega. . .

Manos que dan testimonio de una vida consumida en el lecho del dolor. ¡Manos destinadas a la evangelización, al servicio, al trabajo! Manos que construyen la fraternidad, tendidas hacia el horizonte. Manos extendidas en oración como las de María. Sí, cuántas son las manos de Belén en Italia, tendidas hacia el Padre en actitud de dar y ofrecer. Manos de las que fueron y de las que son.

Gratitud y reconocimiento a las Hermanas Bethlemitas de la primera hora, que supieron mantener la llama encendida, tantas mujeres valientes, abnegadas y fieles, que con la fe inquebrantable hicieron brillar la estrella que conduce a Belén.

Suor Evelina Foglino: en su misión de autoridad supo mantener la unidad y la esperanza en los momentos oscuros de la guerra, en que la distancia se hacía más extensa aun.

Suor Ermanna Fiume mujer de gran visión. Y en tantos otros nombres y rostros que adornan la historia Bethlemita en Italia.

Celebramos en gratitud el centenario de la erección de Provincia de La Inmaculada y como mujeres de fe dejamos nuestro porvenir en las manos de Dios, quien en su Espíritu renueva y fecunda, abre nuevos horizontes de compromiso, amor y servicio en bien de la humanidad.

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