Quienes Somos

Origen

Histórico

Declaración a las Bethlemitas

Las Hermanas Bethlemitas Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, es un Instituto de vida consagrada, y de vida apostólica, de aprobación y derecho pontificio mediante el decreto de Alabanza concedido por Su Santidad León XIII el 20 de febrero de 1891 y la aprobación definitiva por su Santidad Pio X el 22 de junio de 1909.

Desde1658...

Nuestro Instituto surge de la Orden Bethlemita, iniciada en Guatemala en el año de 1658 por el Santo Hermano Pedro de San José Betancur.

Desde1668...

En 1668, bajo la inspiración del Hermano Pedro se inicia la rama femenina, con la fundación del Beaterio en Guatemala, destinado a cuidar de las enfermas. Y aunque por su prematura muerte no la pudo realizar personalmente, su sucesor Fray Rodrigo de la Cruz, fiel seguidor y admirador de Pedro cumplió su voluntad fundando el convento que fue reconocido en toda Guatemala como el Beaterio de Belén, Rama femenina de la Orden Bethlemita, igualmente aprobada por la Iglesia y hoy Instituto de Hermanas Bethlemitas.

Desde1838...

En 1838 ingresa en el Beaterio de Belén, María Vicenta Rosal, natural de Quezaltenango, Guatemala, quien toma el nombre de María Encarnación del Corazón de Jesús.

Desde1855...

Elegida Priora en 1855 emprende la reforma y revitalización del Beaterio; para esto escribe Constituciones fieles al espíritu de Pedro de San José Betancur y a su propia experiencia evangélica.

No aceptada allí su reforma, funda para salvar el Carisma del fundador, un nuevo convento. Ella hizo posible que el carisma y la espiritualidad de Pedro de San José Betancur llegaran hasta nosotras mediante la comunidad Bethlemita renovada por ella, y reconocida como instituto nuevo en la Iglesia.

¿Quiénes Somos?

Santo Hermano Pedro de Betancur

Desde1626...

Nació el 21 de marzo de 1626, en Vilaflor, aldea apacible de Tenerife, Islas Canarias, España. En su tierra natal transcurrió su niñez y juventud, llena de Dios, pues de sus padres recibió ejemplo de alta piedad, de amor al recogimiento y a la penitencia.

El plan misterioso de Dios llevaba a Pedro de Betancur desde las Islas Canarias, hasta la lejana ciudad de Antigua, Guatemala, en América Central.

Desde1649...1651

El 18 de septiembre de 1649 se embarcó siguiendo la inspiración de Dios, a ser misionero del Evangelio, a entregar su vida por el Reino. El 18 de febrero de 1651 pisó la tierra de Guatemala, donde trabajó con incansable tesón por la causa más abandonada de su tiempo: los indígenas y los mestizos, las razas más despreciables por entonces. Entregó su vida para restaurar el honor, la dignidad y el derecho a la vida de los indígenas americanos.

Fundó el primer hospital de convalecientes en Guatemala y los centros de alfabetización para los adultos.
Dedicó su vida en Guatemala al servicio de los necesitados, de los pobres indígenas, de los marginados, peregrinos y presos, realizando así una obra religiosa, social y educativa que aún no ha sido superada en Guatemala.

Pedro llegó a contemplar la profundidad del dolor humano y se entregó a mitigarlo haciendo de su propia vida, la felicidad de los demás. Por eso Pedro de Betancur es un testigo del Evangelio, válido para todos los tiempos.

Su amor gozoso y contemplativo del misterio de Belén, lo expresaba de muchas maneras sobre todo en la época de la Navidad, cuando su espiritualidad sencilla y atrayente constituía las delicias del pueblo que tanto amaba.

En una humilde casita que fue cuna del primer hospital para convalecientes que hubo en América, y de una obra de servicio público sin discriminación: albergó además la primera escuela pública para niños y niñas, y fue origen de la Orden Bethlemita, importante en América por su misión hospitalaria.

Su obra no fue solamente asistencialista, sino que junto a su pequeño hospital construyó un amplio salón donde hizo funcionar una escuela para los niños pobres, pues quería que para ellos la educación y formación como el pilar del desarrollo y progreso de toda sociedad.

Desde2002...

El Santo Hno. Pedro de San José de Betancur fue Canonizado el 30 de julio de 2002 por SS. San Juan Pablo II en Guatemala.

Sus obras

Beata Madre María Encarnación Rosal

Sus obras

Desde1820...1838

Nació el 26 de octubre de 1820. En Quetzaltenango, Guatemala.

María Vicenta Rosal. una joven lista y agraciada dueña de una natural disposición para la conversación y para las relaciones interpersonales, se relaciona con las adolescentes de su edad, admira y valora el don de la amistad, y es así como por una buena amiga Manuela Arbizú   de nacionalidad hondureña llega a Guatemala con el fin de hacerse Religiosa, conoce a las Beatas de Belén y le habla a Vicenta de este Beaterio, que le genera inquietud por conocerlas pues ya estaba en el corazón de ella la llamada del Señor  a seguirle en la vida consagrada y es así como decide ingresar el 1° de Enero de 1838  en el Beaterio de Belén, tomando el nombre de María Encarnación.

Desde1838...

La Madre María Encarnación Rosal es sin duda una persona extraordinaria por su rica personalidad y su hondura espiritual. Vive con fidelidad la espiritualidad Bethlemita, y la transmite al Instituto enriquecida con nueva vitalidad de su experiencia evangélica. Ella nos presenta el misterio de Belén como “Altar de los primeros sufrimientos de Cristo y cátedra de sus más grandes virtudes”.

Por especial don del Espíritu, la Madre encuentra su dinamismo espiritual en el amor y el dolor del Corazón de Cristo de donde proviene el sentido eclesial y universal de reparación que vive y comunica.

Esta experiencia de Dios acrecienta su amor y su fe, su pobreza, humildad y fortaleza.

Sirve solícitamente al hermano necesitado e impulsa la educación de la niñez y juventud en colegios, escuelas y hogares para niñas pobres, y obras de promoción y asistencia social.

Desde1886...1997

Muere en Tulcán -Ecuador el 24 de agosto de 1886. Fue Beatificada por su SS. Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997 en Roma.

Su cuerpo se conserva incorrupto en la capilla del Colegio de la ciudad de Pasto. Colombia.

¿Qué Hacemos?

La Bethlemita fiel al carisma tiene como fin servir a la Iglesia en la misión evangelizadora, en diferentes campos con preferencia hacia los pobres.

Educación con toda clase de personas, especialmente con la niñez y juventud.

Promoción social y asistencial   con niños, jóvenes y ancianos.

Promoción y animación de la comunidad cristiana en misiones y parroquias.