¿Cómo se forma a quien se inicia en la vida bethlemita?

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¿Cómo se forma a quien se inicia en la vida bethlemita?

Si ningún comienzo es fácil, tampoco lo es dar con la clave que nos sostiene en una permanente formación, pero, a la luz de la Iglesia, el Instituto hace todo su esfuerzo.

“La consagración religiosa proporciona a la persona una mayor disponibilidad para “cuidar de las cosas de Dios”1 y para darse al prójimo con el mismo amor de Cristo.

“La renovación adecuada de los institutos religiosos depende principalmente de la formación de sus miembros. La vida religiosa reúne discípulos de Cristo a los que es conveniente ayudar a acoger este don divino que la Iglesia ha recibido de su Señor y que con su gracia conserva siempre. Por eso las mejores formas de adaptación sólo darán su fruto si están animadas por una profunda renovación espiritual”. 2

“Entendemos por formación el proceso continuo de la vida religiosa encaminado a desarrollar las capacidades humanas y a favorecer la asimilación de los valores evangélicos con el espíritu propio del Instituto, dentro del dinamismo de una realidad histórica”. 3

Al citar las Sagradas escrituras, en las que encontramos infinidad de textos que nos clarifican el fundamento de la formación, ejemplo “hasta que Cristo se forme en ustedes” (Gálatas 4, 19) y otros más, luego el magisterio de la Iglesia y las Constituciones del Instituto Bethlemita, es recordar que la formación debe ser posicionada como una disposición apremiante. Todo ser humano que quiera profesionalizarse en un área específica del saber, deberá aplicarse con determinación a formarse para llegar a ser el mejor y seguirá a lo largo de la vida actualizándose. Si esto acontece para cualquier persona, cuánto más para un seguidor de Cristo, para una bethlemita que, al responder al llamado del Señor, debe abrirse y mantenerse en una formación inicial y permanente.

El Espíritu Santo

16. El principal y primer Maestro de toda formación cristiana y evangélica es el Espíritu Santo, quien hace sensible a la persona para percibir la llamada de Dios y la capacita para responder a ella; la persona, a su vez, responde en la fe y se deja transformar por el Espíritu. Con la respuesta a la vocación divina se inicia un proceso formativo en el que el Espíritu Santo es el maestro que configura al vocacionado con el corazón de Cristo; dinámica que se realiza a lo largo de la vida y que exige continuo discernimiento para reconocer en todo tiempo y lugar las mociones del Espíritu con el fin de sentir y percibir la voz de Dios en la propia vida y en los acontecimientos históricos de cada época.

La persona llamada

17aLa primera agente de la formación es la persona llamada que debe ser fiel al Espíritu, abierta a las mediaciones humanas y atenta a los acontecimientos que la rodean. De la apertura y sinceridad de la persona depende la eficacia de la formación. 

La formadora maestra / superiora

18. “La responsabilidad que lleva consigo la formación pide que las hermanas encargadas de ella sean escogidas en razón de su seria vida espiritual, amor al Instituto, inclinación personal, dotes humanas y preparación especial que las capacite para este trabajo” (Const. 115a). La formadora como instrumento del Espíritu, es mediadora entre Dios y el Instituto; es ella quien transmite el modo de ser y de proceder de una Bethlemita. La formadora, bien sea superiora o maestra, ayuda a discernir, confirmar y consolidar la vocación; por tal motivo, debe considerar su tarea de formadora como una misión fundamental dentro del Instituto. 

La comunidad

19a. El don de la vida fraterna se construye en la comunidad, en el esfuerzo continuo de aceptar y valorar a cada hermana y en la preocupación amorosa de unas por otras; la comunidad sostiene, anima, fortalece la vocación y liga afectivamente a la persona creando en ella identidad y pertenencia, corresponsabilidad y fidelidad.

La misión

20a. La fuerza del cuerpo apostólico fortalece la dimensión vocacional cuando cada Bethlemita vive la esencia de la consagración en una entrega amorosa de la propia existencia.  

Asesora General de formación

21. La asesora general de formación orienta la formación a nivel general manteniendo un vínculo cercano con las casas de formación y con las formadoras; este apoyo no reemplaza ni sustituye el acompañamiento propio que debe hacer la hermana provincial y el equipo de formación de cada provincia, por el contrario, es un trabajo que se enriquece y se sostiene mutuamente. La misión de la asesora general está definida en el n° 151 de nuestras Constituciones. 

Equipo de formación

22. El equipo de formación para la formación inicial está determinado por el directorio en el n° 62 este equipo apoya la misión de las formadoras y de la promotora vocacional; por tal motivo es importante que los encuentros a nivel provincial sean periódicos, con el fin de hacer un acompañamiento cercano a las casas de formación, de compartir experiencias, de consultar inquietudes, de proponer nuevas formas de trabajo y de conocer el proceso que llevan las formandas para resolver de manera conjunta las dificultades que se presenten o impulsar y apoyar las oportunidades formativas que surjan.  

Hermana acompañante

23a. La hermana acompañante realiza su misión apoyando a la comunidad del aspirantado(PSHP) postulantado o noviciado con la oración y el testimonio de vida. Observa principalmente la prudencia a todo nivel y respalda a la formadora en sus orientaciones y decisiones.  

Equipo de apoyo

24. El proceso de formación inicial contará con un apoyo especializado en las áreas psicológica, espiritual, teológica, según lo requiera cada etapa de formación; de manera tal que la maestra dedique sus mejores esfuerzos a lo esencial: el acompañamiento y la formación en el carisma. Para las demás áreas recibe ayuda externa. Resulta valioso que a este equipo colaborador se unan hermanas Bethlemitas que ayuden a profundizar el carisma y la espiritualidad; que aporten sobre la misión, historia, vida comunitaria etc. para que la experiencia formativa sea aún más rica y significativa. 

Dimensión Humana

Identidad Bethlemita y Votos

Dimensión Espiritual

Dimensión Comunitaria

Dimensión Apostólica

Estas dimensiones formativas están establecidas desde la pastoral vocacional hasta la formación permanente, todas, debidamente adecuadas con sus planes de estudio a los procesos de formación que el Instituto tiene. 

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PASTORAL VOCACIONAL

“Como tarea evangelizadora de la Iglesia, la pastoral vocacional está llamada a ayudar a descubrir la misión y vocación para la cual Dios llama al creyente, dentro de un proyecto divino para la construcción del Reino de Dios. “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”. (Mt 28, 19). Dentro de nuestro Instituto la pastoral vocacional, ayuda a discernir la vocación de la candidata que está en búsqueda y si descubre en ella aptitudes para la vida religiosa, orienta a la joven hacia una opción Bethlemita.7 

 

En el documento de formación del Instituto, se presenta de manera muy detallada los objetivos, el quehacer de las hermanas responsables de esta misión, el perfil de la candidata, la comunidad, los requisitos, las experiencias misioneras y comunitariasel lugar y la duración del proceso, la forma de discernir el llamado. “En el contexto de la pastoral vocacional, discernir significa distinguir las mociones del Espíritu, los signos que permiten reconocer la vocación a la vida religiosa, la idoneidad para vivirla y la voluntad para responder al llamado. Los criterios de discernimiento se convierten en puntos referenciales para identificar los aspectos que permiten detectar la presencia o ausencia de la llamada de Dios”.8 

 

En algunas provincias, antes de iniciar el postulantado, se tiene establecido un tiempo precomunitario que se denomina, experiencia previa, tiempo de adaptación, prepostulantado, aspirantado.  

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POSTULANTADO

“El postulantado es la etapa previa al noviciado; tiempo dedicado al discernimiento, al conocimiento de la candidata y de su idoneidad para la vida Consagrada. En nuestro Instituto el postulantado es una etapa obligatoria”.9 l 
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NOVICIADO

“El noviciado es fundamentalmente una iniciación a la vida consagrada y a la experiencia del Carisma y del patrimonio propio del Instituto”Este es un tiempo de iniciación a la vida consagrada.  

Como período inicial, supone un proceso pedagógico que ayuda a la joven novicia a adentrarse paulatinamente en la vida misma del Instituto y en el sentido pleno de la consagración. El noviciado centra su principal intención en la preparación para la consagración religiosa. 

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JUNIORADO

Período de tiempo que se extiende desde los primeros votos hasta la profesión perpetua. Es la etapa de profundización y maduración en la vocación iniciada en el noviciado. Como 

proceso formativo está inserto dentro de un camino de progresiva identificación con Cristo que abarca toda la vida del consagrado. 

Es un tiempo especialmente destinado a vivir el compromiso religioso en una integración de vida comunitaria, oración, formación Bíblico – teológica, profesional y servicio apostólico, para un crecimiento en la vocación que garantice una opción definitiva, responsable y consciente”(Directorio 60). 

30a. Dado que la formación es un camino dinámico y progresivo de configuración con Cristo, que dura toda la vida, la formación inicial y la formación permanente no deben comprenderse como etapas fragmentadas, sino como períodos de un mismo proceso. 

“Tanto la formación inicial como la permanente favorecen el desarrollo armónico de la persona, y en fidelidad al carisma, contribuyen a que la relación con el misterio de Dios sea original e irrepetible. La experiencia de la Bethlemita con el Señor.11 

La Bethlemita es una mujer en continuo proceso de formación humana y espiritual que la lleva cada día a cualificar su misión evangelizadora.