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Memorias

50 años de vida religiosa

“Aquí estoy Señor Tu, me has llamado”, respuesta que pronuncie con el mismo ardor del 2 de Febrero día de mi Profesión religiosa y hoy en el jubileo de mis Bodas de Oro el 2 de 2020.

Han transcurrido 50 años de amor y misericordia del señor para conmigo. 50 años que significan haberme enamorado de Belén y de la Cruz. De las Bethlemitas que un día me abrieron las puertas, me brindaron acogida, sencillez, bondad, hospitalidad y testimonio generoso en su misión.

Ser Bethlemita me ha exigido escuchar la voz del Maestro que me llamó un día en mi temprana juventud y me llevó a encontrar este camino donde la prisa del tiempo se ha colmado de hechos que en todas las circunstancias han sido mensajes del amor de Dios, gozos, alegrías, momentos dolorosos que me han llevado a descubrir y sentir la presencia de Dios en su Palabra, en su ternura de Padre que cada día me llama a reafirmar su amor y a renovar mi compromiso de fidelidad y de servicio.
Es inexplicable y bello haber vivido estos años en su presencia, en su Casa, haber alegrado y animado la existencia de muchos hermanos.

Este acontecimiento de mis Bodas de Oro y la Celebración del Bicentenario del nacimiento de nuestra Amada Madre, María Encarnación Rosal ha colmado de alegría mi vida por haber logrado mi sueño de ser Bethlemita, como ella y perseverar llena de gozo y gratitud con el Señor porque ha sido grande conmigo.

Agradezco a tantas Hermanas de mi Congregación que han caminado conmigo, me animan, me soportan, me enseñan con su palabra y con su bello testimonio de vida.

Su entrega incondicional, su paciencia y amor han forjado mi vida paso a paso…
Admirar el amor de nuestra Madre Encarnación es motivo de gratitud para con el Señor por permitirme celebrar esta dichosa efemérides en este precioso momento del Bicentenario de su vida, me llena de fortaleza y me impulsa a imitarla y a proclamar sus virtudes, su arraigo en Belén, la fortaleza en sus penas y la fidelidad y esperanza en el amor del Corazón de Cristo.

Que esta celebración de nuestras Bodas de Oro y la del Bicentenario de nuestra Madre, sea para cada una de mis compañeras Lucrecia, Guillermina, Socorrito, Clara Cecilia, motivo de alegría, gozo, alabanza a nuestro Padre Dios, a nuestros Santos Fundadores quienes han impulsado nuestro camino a Belén, a través de la caridad, amor a los pobres, reparación y el sacrificio.
Por este acontecimiento maravilloso canto con gozo desde el fondo de mi corazón la plegaria:

“Como pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho”. (Salmo115)

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